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Cine y Foto

 
     
     
 

Img: dreamers.com

Sección: Cine

 

Gullermo del Toro y la invención de Cronos

Obra: Cronos

Director: Guillermo del Toro

Año: 1993

Reseña por: Iván Soto (Blog: No, señor apache)

     

En el cine mexicano de las últimas dos décadas abunda, sobre todo, la falta de imaginación (rara la configuración de esta frase ahora, donde lo que sobra es carencia). Aún así son notables las excepciones, y una de ellas, con E mayúscula, se encuentra sin duda en el trabajo del cineasta tapatío Guillermo del Toro. 

La invención de cronos es su ópera prima, que vio la luz en 1993, página introductoria al bestiario personal de un autor que con el tiempo ha desarrollado una filmografía de marca propia, atributo que ya se ve poco por acá, en una época de franquicias trabajadas estratégicamente, que aún así, no acaban de rendir frutos.

Las películas realizadas bajo su dirección tienen todas un común denominador que es, a la vez, lo que las separa: la creación de un universo privado, de funcionamiento y reglas independientes al mundo real (por lo general dictadas por el absurdo), cualidades indispensables para sostener un filme, más aún cuando este es de naturaleza fantástica. 

Para corroborarlo no hay más que volver a La invención de Cronos, cinta que aborda un mito que ha sido mancillado hasta el cansancio por todas las disciplinas artísticas desde una imaginería original. Cuenta la historia de un anticuario, el señor Gris, que encuentra un singular artefacto oculto dentro de una escultura. Mientras estudia el aparatejo para entender su fin, seis patas de araña salen del objeto y se entierran en la mano del curioso, haciendo brotar chorros de sangre. Luego, mientras aún forcejea para soltarse, un aguijón emerge de la máquina y se clava también en su palma.

Al día siguiente el tipo se siente y se ve distinto, rejuvenecido, aún cuando la herida le provoca una comezón irresistible. Siguiendo un impulso malsano vuelve a utilizar el artefacto y poco a poco se va volviendo adicto a su uso, en la misma medida en que su salud y su estado anímico mejoran.

La trama se complica con la aparición de un norteamericano llamado Angel, de curioso apellido: De la guarda. Este personaje está buscando el objeto, por orden de su tío Dieter, un excéntrico multimillonario que sufre de una enfermedad incurable.

El señor Gris descubre en una conversación con el magnate, que la invención es obra de un alquimista del siglo XVI que pretendía con ella alcanzar la vida eterna. Se entera también que en las manos de Dieter, el artefacto puede ser peligroso, ya que provoca una irreprimible sed de sangre. Así que deberá impedir por todos los medios que éste lo consiga, esto con la ayuda de su nieta, una niña que no habla. 

La película es, como Del Toro mismo ha reconocido, imperfecta en muchos sentidos, montada sobre un guión brillante que la supera (editado luego como libro por Ediciones El Milagro). A pesar de esto es, también, una imprescindible del cine nacional en toda regla.

El gran actor argentino, Federico Luppi, quien luego también aparecería en otras cintas de este director (en el Laberinto del fauno y El espinazo del diablo), representa con maestría el papel del señor Gris, mientras que Ron Perlman, uno de los favoritos del cineasta que luego encarnaría a Hellboy y sería incluido también en el elenco de Blade II, interpreta a Angel. Así Del Toro presentó ya, desde entonces, a sus recurrentes. El rol de Dieter corre a cargo de Claudio Brook, otro genial actor sacado del cine de Buñuel y Ripstein.  

La película da la impresión (de ahí tal vez que su autor la acuse de imperfecta) de mitología descuidada. Sin embargo esto es también un acierto que contribuye a la atmósfera. Está ambientada en 1997 (una decisión que puede sonar rara), un futuro no muy lejano a la fecha en que fue proyectada, en un México difícil de reconocer.

El guión no busca, y esto se agradece, justificarse. No incluye mayores explicaciones sobre el objeto, su funcionamiento o sus orígenes, más allá de una breve introducción narrada en voz en off. Incluye justo la información necesaria para la trama y nada más. En este mismo sentido se mueven los diálogos, la decoración, el montaje, los efectos visuales, y la fotografía de Guillermo Navarro.

La película aborda el mito vampírico recurriendo apenas a los referentes clásicos y es tal vez este acierto el que lo hace efectivo dentro de un cine que nunca ha logrado apropiarse de la visión anglosajona del mismo sin parecer copia barata. Este vampiro posmoderno duerme durante el día en la caja de juguetes de su nieta, velado por ella. A este se le pudre la piel mientras camina. Este no puede verse como “malo”, ni deja de ser nunca un abuelo bonachón, aún cuando se arrastre en el suelo de un baño público para lamer de él una gota de sangre olvidada.

Quedan claras en esta cinta, las obsesiones temáticas de Del Toro. Su fascinación por los monstruos: “Cómo se ven por dentro, cómo piensan, cómo se comportan”, su fetichismo por los insectos (Dieter: ¿Quién dice que los insectos no son los favoritos de Dios? Cristo caminó sobre el agua, como un mosquito...), los engranajes, la relojería y los lugares oscuros.

Guillermo del Toro hizo sus pininos en el cine cuando todavía estaba en la preparatoria, en el Instituto de Ciencias, fundó su propia compañía de maquillaje para entrar por fin al medio, formalmente a los 21 años, siendo productor ejecutivo de un filme. A los 24 trabajaba ya en un proyecto televisivo sobresaliente donde también estaban involucrados Alfonso Cuarón y Emmanuel Lubezki: La hora marcada, que todavía recuerdan algunos, entonces niños, todavía traumatizados por las apariciones de la famosa “mujer de negro”. Las aportaciones de este director a la cinematografía nacional no se pueden obviar, y aún así ha logrado quitarse, con el tiempo, el lastre de la nacionalidad de las películas sin olvidar, tampoco, la suya. Sus últimas obras, piezas magistrales como El laberinto del fauno, son el despliegue de una imaginería privada que comenzó a forjarse en el 93, con La invención de Cronos. Por esto, también, hay que revisitarla.

Aquí el trailer de esta película, una entrevista al director sobre la misma y, para el recuerdo, un fragmento de uno de los capítulos de La hora marcada.

 

 

 

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