|
Todos somos los Beattles (1ª entrega)
Carlos Cuellar
Si se hace una comparación con los Beatles, en la década de los noventas Adolfo encarnó a John Lennon, yo fui Mc Cartney, Chuy era Harrison y el pequeño León, Ringo Star. Fuimos los Beatles psicólogos de los años noventas.
Cuando se escuchan los discos de los Beatles a lo largo de años, no sólo se llega a amar sus melodías, sino a conocer mucho sobre la psicología y la dinámica de los grupos.
En sus primeros discos de la década de los sesenta, la voz inconfundible de Lennon destaca como ninguna, así como sus líricas y melodías. John Lennon era quien llevaba la batuta en la composición y el estilo. Él dirigía la avanzada con respecto a la estética de los primeros álbumes. Lennon les recomendaba a sus jóvenes iniciados la música que debían escuchar, qué acordes utilizar en las canciones, en qué tono y cómo combinar sus cuatro voces. John Lennon descubría también a los poetas que inspirarían a la banda y les recomendaba a los miembros de su clan leerlos.
En álbumes como Help del año 1965, brilla ocasionalmente la voz y letras de Paul Mc Cartney, anunciando el prometedor futuro de un genio en la composición. Pero todavía es subyugado por la fuerza de Lennon.
John Lennon creció en los suburbios y barrios pobres de Liverpool, leyó a los poetas malditos, aprendió música imitando a Bob Dylan y a Elvis, aunque más tarde renegó de ellos. Niño de la calle abandonado por su madre desde temprana edad.
Mc Cartney y Harrison no tuvieron una infancia tan dura ni sufrieron abandono en la niñez, ni estaban tan curtidos y experimentados como su líder.
Pero con los años y la experiencia, la voz y las líricas de Mc Cartney brillaron paulatinamente más y más por sí mismas, con un creciente destello implacable y hermoso. Por ejemplo, en el White Album de 1968, la voz y las líricas de Mc Cartney se volvieron equiparables a las de Lennon. Nunca más será opacado por su líder. John ya no puede controlarlo ni imponerle nada. El público los percibe a ambos con el mismo talento creador. Paul comienza a colectar ejércitos de seguidores, sus melodías destacan por una música delicada y una lírica depurada de imágenes simples y muy sensibles. A nivel creativo, ambos están parejos.
Lennon se vuelve cada vez más psicodélico, experimental y crítico social.
George Harrison manifiesta también su poder en sus últimos años como Beattle, brindándonos composiciones inolvidables, que a la postre, dos años después darían como resultado su primer, bellísimo, y memorable disco como solista: All Things Must Pass.
Los conflictos no se dejan esperar: John los quiere como discípulos y no como competencia. Los demás, incluso el neutral Ringo, lo necesitan cada vez menos en sus composiciones, procesos creativos y búsquedas personales. Lennon necesita subordinados y aprendices para poder vivir, no artistas independientes que ya no lo consultan, ni están de acuerdo en todo lo que él dice para poder crear.
En álbumes como Abbey Road de 1969 y Let It Be de 1970, es demasiado notorio el genio que ha surgido en Paul. En cambio Lennon parece girar en torno a obsesivos círculos viciosos que pueden resultar agotadores para los escuchas de sus discos. Sus canciones hablan de lo mismo desde hace años. Harrison y Mc Cartney se expanden hacia nuevos territorios que trastocan la espiritualidad.
Lennon culmina por fin su eterna búsqueda de una madre perdida, encarnada en la omnímoda YoKo Ono. Quien lo subyuga por completo, fiscalizándole sus actos, invadiendo sus canciones hasta el empalagamiento, y exprimiendo su ya escasa creatividad.
En 1980 John muere bajo las balas de un psicópata homosexual en Nueva York. En sus últimos años la fusión con su esposa de origen oriental lo llevó hacia una simbiosis insoportable. Ya no era posible pensar en Lennon independientemente de Yoko Ono, ni su predadora mujer parecía encontrar límites para inundar su música. Sus discos ya no contenían la misma poesía y fuerza de los años dorados.
Contrariamente, los álbumes de Mc Cartney seguirán siendo demasiado ricos y de una creatividad desbordante que no se verá afectada por el paso de los años, la llegada del nuevo milenio, ni la pérdida de su amada esposa y alma gemela: Linda Mc Cartney. Incluso su último álbum en 2007, el vigésimo primero: Memory Almost Full, fue bellísimo una y otra vez, vendió millones de copias y continúa siendo escuchado en todas partes. |
|