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Célula sin(t)ética - (2ª entrega)
Carlos Humberto Ortíz Ramírez
Diseñar un genoma implicaría que se entiende en su totalidad como están codificadas las funciones biológicas que hacen posible la vida y como es que dichas funciones interactúan y se complementan. A pesar de la apariencia, el grupo de Venter no hace ningún aporte significativo al respecto, ya que aunque su grupo logró sintetizar por métodos químicos el genoma de una bacteria, no lo diseñó, ni avanzó en su entendimiento; más bien, produjo una copia del genoma de un microorganismo que ya existía, y del cual había muchos estudios anteriores.
Venter y su grupo eligieron uno de los genomas más simples de los que se ha obtenido la secuencia completa (el de la bacteria Mycoplasma genitalium) y a partir de dicha secuencia sintetizaron fragmentos de este genoma mediante métodos químicos que luego fueron unidos, dando lugar a una copia casi idéntica a la original. Es el equivalente a tomar un documento que fue escrito a mano (y que representa el genoma original), transcribir dicho documento en una computadora, guardarlo en un archivo digital y finalmente tomar el archivo e imprimir de nuevo el documento. La hoja impresa quizá no sea idéntica que la original pero contiene la misma información y las mismas ideas, las cuales no se modifican durante el proceso de copiado y son la materia importante del texto. Es evidente que en esta acción no hay mucho trabajo creativo, no se genera conocimiento y no se producen ideas nuevas.
Para resumir lo anterior, una vez obtenida esta copia del genoma de la bacteria Mycoplasma genitalium se tomó otra especie distinta de bacteria, se le removió mecánicamente su propio material genético, y se le insertó el genoma sintetizado; haciendo de ésta forma un trasplante de genoma. El aporte del trabajo de Venter es meramente técnico; no se ha creado vida artificial, ni tampoco hemos aumentado nuestro conocimiento acerca del ADN. Lo que en realidad se hizo fue desarrollar un método nuevo cuya virtud es conjuntar otras técnicas previamente desarrolladas.
Por ejemplo, la síntesis química de pequeños fragmentos de material genético es algo rutinario en la mayoría de los institutos de investigación en el área de biología molecular. La novedad aquí es que se sintetizó una gran cantidad de fragmentos de tamaño considerable que después se unieron para formar una copia de un genoma completo. Así mismo, la inserción de material genético en una célula a la que se le ha removido el propio también es algo rutinario en los laboratorios que hacen clonación.
Venter unió estas dos técnicas en una metodología nueva, lo cual es relevante, pero no es en ningún caso un trabajo con la importancia que se le ha pretendido dar. Lamentablemente el interés de este trabajo es más de tinte comercial que académico, y es por esto que la mercadotecnia que lo rodea ha tratado de venderlo al público no especializado como algo distinto a lo que es.
Esta forma de difundir la ciencia no beneficia a nadie, ya que la sociedad no logra interpretar los conocimientos generados y la comunidad científica no recibe críticas y opiniones que son deseables para contrastar su trabajo. Desafortunadamente es algo cada vez más frecuente en los grupos de investigación científica, y se relaciona principalmente con la forma de asignar los recursos.
Hay que tener en cuenta que la actividad científica en cualquier lugar del mundo depende de donativos; los cuales pueden provenir de dependencias estatales, como es el caso del CONACyT en México o la NSF (Fundación Nacional para la Ciencia, por sus siglas en ingles) en Estados Unidos, o como es cada vez más frecuente, de fundaciones privadas y empresas; por ejemplo, la fundación Bill Gates, la fundación Howard Huges y las compañías farmacéuticas. Dichas fundaciones apoyan preferentemente a los proyectos de ciencia aplicada y su interés es la producción de conocimiento principalmente de corte técnico y en el menor tiempo posible, ya que éste puede ser utilizado para la creación de nuevas tecnologías, sobra decirlo, con el fin de comercializarlas. Esto ha generado una fuerte competencia por los recursos entre los grupos de investigación, los cuales si quieren sobrevivir tienen que formular sus proyectos en base a los intereses de dicho capital.
Los peligros de este sistema es que no siempre los intereses comerciales de las compañías transnacionales coinciden con las necesidades económicas y sociales de un país. Cada sociedad tiene intereses y problemas muy particulares, los cuales son reflejo de su historia y características culturales propias. El conocimiento es importante en tanto puede proporcionarnos un mejor entendimiento de nuestro entorno, un entendimiento que no sólo sirva para controlar y modificar a la naturaleza, sino lo que es más importante, que nos ayude a ampliar nuestra conciencia y nuestro criterio para que podamos relacionarnos de manera más congruente y armónica con dicho entorno. Es evidente que mientras nuestras actitudes no cambien, ninguna tecnología podrá frenar la degradación ambiental y social que se vive a escala global.
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