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Célula sin(t)ética - (1ª entrega)
Carlos Humberto Ortíz Ramírez
En las últimas semanas se ha producido una gran conmoción con motivo de lo que muchos consideran uno de los avances científicos más relevantes desde el descubrimiento del código genético hace 50 años: la creación de la primera célula sintética. Desde hace mucho tiempo el tema de la creación de vida artificial ha generado gran interés; se ha abordado constantemente en diversos foros que van desde congresos especializados, hasta las salas de cine y la literatura. Sin embargo, el avance vertiginoso que ha tenido la biología molecular en las últimas cinco décadas ha provocado una discusión seria, y siempre polémica, sobre la posibilidad de generar vida en un tubo de ensayo. Las implicaciones filosóficas, éticas y sociales son, sobra decirlo, inmensas.
Recientemente se ha difundido y comentado el trabajo de un grupo científico estadounidense que habría logrado traspasar esta frontera de la biología. Es el grupo de Craig Venter; conocido por tratar de secuenciar, desde la iniciativa privada, el genoma humano con motivos comerciales, esfuerzo en el que fracasó; y que ahora, según sus propias palabras, ha logrado crear la primera célula sintética.
Desafortunadamente el lenguaje utilizado por la comunidad científica para dar a conocer sus avances es inaccesible para las personas no especializadas en el área, basta dar una hojeada al artículo al respecto que publica el grupo de Venter en la revista científica Science para darse cuenta de que sólo las personas familiarizadas con las técnicas utilizadas pueden realmente entender, y por lo tanto criticar lo que se hizo. Es evidente también que la información disponible en prensa es incompleta y se presta a muchas confusiones.
Para determinar la importancia real del trabajo hay que definir claramente algunos conceptos. La generación de una célula sintética implica que todos sus componentes han sido creados de una manera distinta a lo que consideramos natural; es decir, tendría que ser una célula cuyos miles de componentes y estructuras orgánicas hayan sido sintetizados por métodos “artificiales”, que en este caso significa sintetizados en un laboratorio, y que además hayan sido unidos coherentemente de tal manera que su funcionamiento conjunto de lugar a una estructura viva. Sin embargo, el trabajo del grupo de Venter se centra exclusivamente en el genoma (el conjunto de genes) de una bacteria, y no se manipula ningún otro componente celular. Según los autores, su principal mérito es el de insertar un genoma que ha sido producido de forma sintética o “artificial” en una célula a la que previamente se le ha removido su material genético original; ésta célula es posible gracias al procedimiento y puede reproducirse estando bajo el control de dicho genoma sintético. Si analizamos lo anterior, nos damos cuenta que técnicamente lo que se hace es un intercambio de un genoma por otro, usando una célula bacteriana como receptora. Por lo tanto, podemos razonar que lo anterior no es lo mismo que la creación de una célula sintética, como no es lo mismo un trasplante de corazón que la creación de un ser humano artificial. Y como en realidad no se ha creado una célula verdaderamente sintética, que es lo que nos sugiere el título del trabajo, su novedad estaría entonces en la creación de un genoma sintético. Esto también se presta a confusiones, ya que se podría entender que han adquirido la capacidad de diseñar a voluntad un genoma completo, y que éste puede ser insertado en una célula haciendo que se comporte de una forma específica, lo cual, no carece de importancia.
Para profundizar en un poco más es necesario definir a lo que los científicos se refieren cuando usan el término de material genético y secuenciación del ADN. El material genético (que forma el ADN) está constituido por una combinación de 4 moléculas distintas; estas moléculas están unidas una al lado de la otra formando una larga cadena. Las variaciones en el orden en que se encuentran es lo que determina como se codifica la información de los genes (similar a como el significado de las palabras depende del orden en el que se encuentren las letras que las conforman). Cuando se habla de secuenciar un genoma, lo que se quiere decir es que se detectan las moléculas de una muestra de material genético y se determina el orden en el que se encuentran.
Es útil intentar concebir al código genético como un lenguaje, que al igual que el nuestro, tiene su alfabeto propio, palabras y significados. Este es el lenguaje molecular que utilizan las células para guardar su información, y está en cambio constante. Hace ya algunos años se descubrió el alfabeto con el que se escriben las “palabras” de este lenguaje (el código genético), pero aún no sabemos el significado de esas palabras ni como se unen para formar oraciones. En resumen, es un lenguaje que aún no sabemos leer, ni mucho menos hablar. Si así fuera, con la obtención de la secuencia del genoma humano ya sabríamos como curar prácticamente cualquiera de las enfermedades que hoy se consideran letales; es algo que no ha sucedido. Hay que aclarar que con la técnica de secuenciación del ADN sólo sabemos el orden de sus “letras”, no quiere decir que entendamos las palabras que forman.
Diseñar un genoma implicaría que se entiende en su totalidad como están codificadas las funciones biológicas que hacen posible la vida y como es que dichas funciones interactúan y se complementan. A pesar de la apariencia, el grupo de Venter no hace ningún aporte significativo al respecto, ya que aunque su grupo logró sintetizar por métodos químicos el genoma de una bacteria, no lo diseño, ni avanzó en su entendimiento; más bien, produjo una copia de un genoma de un microorganismo que ya existía, y del cual había muchos estudios anteriores.
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